Entre tanta obstinación y malas decisiones, tanto Niamh como el arcángel deben prepararse para el acostumbrado juicio ante las Jerarquías del Segundo Cielo. Él orgulloso y ella obstinada, él dominante y ella rebelde, dos polos opuestos que a medida que pasan los días se empiezan a atraer. La curiosidad de él envuelve a Niamh y la máxima ley de los Siete Cielos amenaza con ser quebrantada.
La obediencia va de la mano con el pecado y la mentira se abraza con la verdad. Eso el arcángel lo sabe muy bien.