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Quien Es Jesus? (Spanish, Pack of 25)

Quien Es Jesus? (Spanish, Pack of 25) - Greg Gilbert

Quien Es Jesus? (Spanish, Pack of 25)


Qui n es Jes s?

  • Una persona hist rica
  • Una persona extraordinaria
  • Dios
  • Uno entre nosotros
  • Vive

Una persona hist rica

Tal vez nunca te has puesto a pensar realmente en qui n es Jes s, o si sus declaraciones tienen alguna implicaci n para tu vida. Despu s de todo, estamos hablando acerca de un hombre que naci en el siglo primero a una familia de un carpintero jud o. Los datos b sicos de su vida--d nde y cu ndo vivi , c mo muri --son datos muy bien acordados. Pero, qu tal el significado de su vida y su muerte? Era un profeta? Un maestro? Era el Hijo de Dios o solo un hombre extra amente talentoso? Y por cierto, qui n pensaba l que era? A pesar de los desacuerdos, todos parecen estar de acuerdo en una cosa: Jes s fue una persona extraordinaria.

Una persona extraordinaria

Sin duda, hab a algo en Jes s que le llamaba la atenci n a la gente de su poca. Una y otra vez, Jes s dec a cosas que dejaban a sus contempor neos asombrados por su sabidur a. Jes s aun los confrontaba de manera que los dejaba torpemente buscando la manera de darle sentido a todo lo que dec a (Mateo 22:22-33). "Muchos que le escuchaban se asombraban, diciendo: D nde obtuvo ste tales cosas, y cu l es esta sabidur a que le ha sido dada, y estos milagros que hace con sus manos?" (Marcos 6:2).

Tambi n hab a los milagros. Cientos de personas vieron con sus propios ojos a Jes s hacer cosas que ning n otro ser humano deber a ser capaz de hacer. San a personas de sus enfermedades; hizo que agua se convirtiera en vino fino; orden a cojos a caminar otra vez; de la proa de un barco orden la calma en el mar; se par frente a la tumba de un hombre quien hab a estado muerto por 4 d as y lo llam a regresar a la vida. El hombre lo escuch , se par y sali caminando de su tumba (Mateo 8:24-27; 9:6-7; 14:13-21; Juan 2:1-11; 11:43).

Con cada uno de sus milagros y en cada uno de sus sermones, Jes s estaba declarando y comprobando esas declaraciones de s mismo que ning n otro ser humano hab a declarado antes. Declaraciones de que l era Dios.

Dios

En ocasiones, Jes s us un nombre que se usa exclusivamente para referirse a Dios: el presente del verbo ser "Yo Soy" (Juan 8:48-53; 56-58), lo cual evoca el nombre antiguo y famoso del Dios todopoderoso de Israel ( xodo 3:14).

Las profec as que Jes s dec a cumplir tambi n se alaban a su deidad. El pueblo de Israel a oraba tener un rey que ocupara el trono que por siglos hab a estado vac o. Un profeta describi al rey como un "Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Pr ncipe de Paz. El aumento de su soberan a y de la paz no tendr n fin" (Isa as 9:6). La gente de aquel tiempo habr a visto que este Rey prometido no iba a ser un hombre cualquiera que se iba a sentar en el trono por un tiempo y luego morir. Habr an escuchado a Dios prometerles que l mismo vendr a y ser a su Rey.

Jes s tambi n afirm su identidad como "Hijo de Dios". No era solo un t tulo de realeza, era tambi n una declaraci n que Jes s era igual a Dios en estatus, car cter y honor. Juan explica: "Entonces, por esta causa, los jud os a n m s procuraban matarle, porque . . . tambi n llamaba a Dios su propio Padre, haci ndose igual a Dios" (Juan 5:18; 8:58).

Uno entre nosotros

Cristianos le llaman la encarnaci n a la realidad de que Dios se hizo humano. La Biblia nos dice que Jes s tuvo hambre, le dio sed, se cans y aun le dio sue o. Hizo cosas con una ternura humana inmensa, compasi n y amor (Mateo 15:32; Marcos 6:34; Juan 11:33-36). No solo era humano, sino que a lo largo tambi n nos mostr lo que Dios hab a previsto para la humanidad.

Jes s se estaba identificando con nosotros al volverse uno entre nosotros para poder representarnos en vida y muerte. Cuando Ad n, el primer hombre, pec , lo hizo como representante de todos los que vendr an despu s de l (G nesis 3:1-6, 14-15). "Por una transgresi n result la condenaci n de todos los hombres" (Romanos 5:18-19).

Jes s iba a dejar que la sentencia de muerte dada por Dios--su ira justa contra pecadores--cayera sobre l. Para esto, Jes s permiti que uno de sus propios disc pulos lo traicionara con las autoridades romanas, quienes lo sentenciaron a la cruz. Mientras Jes s estaba colgado en la cruz, todos los pecados del pueblo de Dios fueron puestos sobre Jes s, y l muri por ellos. En su lugar. Existe solo una cosa que llevar a al Hijo de Dios a hacer esto: Nos ama profundamente. "Porque de tal manera am Dios al mundo," dijo un escritor b blico, "que dio a su Hijo unig nito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3:16).

Cuando algunos disc pulos entraron a la tumba de Jes s dos d as despu s, "vieron a un joven sentado al lado derecho, vestido con ropaje blanco; y ellas se asustaron. Pero l les dijo: No os asust is; busc is a Jes s nazareno, el crucificado. Ha resucitado, no est aqu " (Marcos 16:5-6).

Vive

Si Jes s en verdad se levant de entre los muertos, entonces algo impresionantemente extraordinario sucedi . Pues todo lo que l hab a declarado acerca de s mismo ha sido vindicado. Por otro lado, si no se levant de entre los muertos, entonces olv dalo. (1 Corintios 15:14-19).

Solo la resurrecci n ten a el poder de convertir a sus propios seguidores, hombres cobardes y esc pticos, en unos m rtires y testigos dispuestos a arriesgarlo todo por decirle al mundo: " Este hombre, Jes s, fue crucificado pero ahora vive "

Toda cristiandad depende de la resurrecci n. Es el fundamento de todo lo dem s, el remate que mantiene unido todo lo dem s sobre el cristianismo.

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Tal vez nunca te has puesto a pensar realmente en qui n es Jes s, o si sus declaraciones tienen alguna implicaci n para tu vida. Despu s de todo, estamos hablando acerca de un hombre que naci en el siglo primero a una familia de un carpintero jud o. Los datos b sicos de su vida--d nde y cu ndo vivi , c mo muri --son datos muy bien acordados. Pero, qu tal el significado de su vida y su muerte? Era un profeta? Un maestro? Era el Hijo de Dios o solo un hombre extra amente talentoso? Y por cierto, qui n pensaba l que era? A pesar de los desacuerdos, todos parecen estar de acuerdo en una cosa: Jes s fue una persona extraordinaria.

Una persona extraordinaria

Sin duda, hab a algo en Jes s que le llamaba la atenci n a la gente de su poca. Una y otra vez, Jes s dec a cosas que dejaban a sus contempor neos asombrados por su sabidur a. Jes s aun los confrontaba de manera que los dejaba torpemente buscando la manera de darle sentido a todo lo que dec a (Mateo 22:22-33). "Muchos que le escuchaban se asombraban, diciendo: D nde obtuvo ste tales cosas, y cu l es esta sabidur a que le ha sido dada, y estos milagros que hace con sus manos?" (Marcos 6:2).

Tambi n hab a los milagros. Cientos de personas vieron con sus propios ojos a Jes s hacer cosas que ning n otro ser humano deber a ser capaz de hacer. San a personas de sus enfermedades; hizo que agua se convirtiera en vino fino; orden a cojos a caminar otra vez; de la proa de un barco orden la calma en el mar; se par frente a la tumba de un hombre quien hab a estado muerto por 4 d as y lo llam a regresar a la vida. El hombre lo escuch , se par y sali caminando de su tumba (Mateo 8:24-27; 9:6-7; 14:13-21; Juan 2:1-11; 11:43).

Con cada uno de sus milagros y en cada uno de sus sermones, Jes s estaba declarando y comprobando esas declaraciones de s mismo que ning n otro ser humano hab a declarado antes. Declaraciones de que l era Dios.

Dios

En ocasiones, Jes s us un nombre que se usa exclusivamente para referirse a Dios: el presente del verbo ser "Yo Soy" (Juan 8:48-53; 56-58), lo cual evoca el nombre antiguo y famoso del Dios todopoderoso de Israel ( xodo 3:14).

Las profec as que Jes s dec a cumplir tambi n se alaban a su deidad. El pueblo de Israel a oraba tener un rey que ocupara el trono que por siglos hab a estado vac o. Un profeta describi al rey como un "Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Pr ncipe de Paz. El aumento de su soberan a y de la paz no tendr n fin" (Isa as 9:6). La gente de aquel tiempo habr a visto que este Rey prometido no iba a ser un hombre cualquiera que se iba a sentar en el trono por un tiempo y luego morir. Habr an escuchado a Dios prometerles que l mismo vendr a y ser a su Rey.

Jes s tambi n afirm su identidad como "Hijo de Dios". No era solo un t tulo de realeza, era tambi n una declaraci n que Jes s era igual a Dios en estatus, car cter y honor. Juan explica: "Entonces, por esta causa, los jud os a n m s procuraban matarle, porque . . . tambi n llamaba a Dios su propio Padre, haci ndose igual a Dios" (Juan 5:18; 8:58).

Uno entre nosotros

Cristianos le llaman la encarnaci n a la realidad de que Dios se hizo humano. La Biblia nos dice que Jes s tuvo hambre, le dio sed, se cans y aun le dio sue o. Hizo cosas con una ternura humana inmensa, compasi n y amor (Mateo 15:32; Marcos 6:34; Juan 11:33-36). No solo era humano, sino que a lo largo tambi n nos mostr lo que Dios hab a previsto para la humanidad.

Jes s se estaba identificando con nosotros al volverse uno entre nosotros para poder representarnos en vida y muerte. Cuando Ad n, el primer hombre, pec , lo hizo como representante de todos los que vendr an despu s de l (G nesis 3:1-6, 14-15). "Por una transgresi n result la condenaci n de todos los hombres" (Romanos 5:18-19).

Jes s iba a dejar que la sentencia de muerte dada por Dios--su ira justa contra pecadores--cayera sobre l. Para esto, Jes s permiti que uno de sus propios disc pulos lo traicionara con las autoridades romanas, quienes lo sentenciaron a la cruz. Mientras Jes s estaba colgado en la cruz, todos los pecados del pueblo de Dios fueron puestos sobre Jes s, y l muri por ellos. En su lugar. Existe solo una cosa que llevar a al Hijo de Dios a hacer esto: Nos ama profundamente. "Porque de tal manera am Dios al mundo," dijo un escritor b blico, "que dio a su Hijo unig nito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3:16).

Cuando algunos disc pulos entraron a la tumba de Jes s dos d as despu s, "vieron a un joven sentado al lado derecho, vestido con ropaje blanco; y ellas se asustaron. Pero l les dijo: No os asust is; busc is a Jes s nazareno, el crucificado. Ha resucitado, no est aqu " (Marcos 16:5-6).

Vive

Si Jes s en verdad se levant de entre los muertos, entonces algo impresionantemente extraordinario sucedi . Pues todo lo que l hab a declarado acerca de s mismo ha sido vindicado. Por otro lado, si no se levant de entre los muertos, entonces olv dalo. (1 Corintios 15:14-19).

Solo la resurrecci n ten a el poder de convertir a sus propios seguidores, hombres cobardes y esc pticos, en unos m rtires y testigos dispuestos a arriesgarlo todo por decirle al mundo: " Este hombre, Jes s, fue crucificado pero ahora vive "

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